Una educación diferente, más consciente y respetuosa.

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Sin duda hablar sobre unschooling es en sí algo radical. Optar por una educación libre, autónoma y respetuosa parece estar “fuera de lo normal o común”. Es, por mucho, algo que va más allá de la comprensión de nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras expectativas en relación a la educación. Hemos bien aprendido, que la educación es sinónimo de “escuela”, manifestar lo contrario está fuera de la norma y por lo tanto “equivocado” y es incluso “negligente” en el pensamiento de algunos.

Este sitio desde su fundación ha dedicado su espacio a la promoción y difusión del unschooling, pero hoy te hablaré sobre un término más complejo algo que nuestra familia ha decidido hacer su forma de vida: el unschooling radical.

No existe una definición, como bien es sabido, cada familia le da su toque y por lo tanto la manera en que se vive varía de casa en casa, si bien he dedicado varios artículos para describir lo que es el unschooling para nuestra familia, algunas de las definiciones generales y demás información, he optado por sólo llamarle “unschooling” aunque si buscas un poco por la red encontrarás “radical unschooling” también como otra forma de vivir el aprendizaje sin escuela y las diferencias entre uno y otro estilo son lo que me ha traído hoy a exponer mi opinión y aclarar la que ha sido una de las preguntas frecuentes en estos últimos días en mi correo. En nuestro caso, es el radical unschooling lo que más se acerca a nuestra manera tan especial de ver la educación/desarrollo integral de nuestros hijos. Te explico.

El unschooling radical es un estilo de vida que trasciende lo educativo y traspasa las barreras del sólo un tipo más de educación sin escuela.

Es más que sólo no llevar currículos, mucho más que no inscribir a nuestros hijos en una escuela online, más allá de no determinar lo que nuestros hijos “deben” aprender; brinca la educación para convertirse en un compromiso con el desarrollo de nuestros hijos respetando cada área de su vida, sin imposiciones ni manipulación en ninguna forma, es en resumen, RESPETO total hacia nuestros hijos, la convicción de que ellos son constructores de su identidad, sus creencias, su perspectiva y demás aspectos que integran a un ser autónomo, independiente y libre.

¿A qué me refiero con lo anterior? Simple, en nuestra familia no obligamos a nuestros hijos a nada, no limitamos su vida en ningún sentido, confiamos en ellos, les dejamos ser y estar.

Basamos nuestra vida familiar en el respeto mutuo. Les apoyamos para que conozcan desde su propia vida el camino que desean seguir en relación a su alimentación, sus creencias (religiosas o no), la construcción de sus convicciones, sus horarios de sueño, sus lecturas, sus investigaciones, sus tiempos de juego frente a una pantalla, entre otras tantas cosas que para muchas familias es “normal” controlar y tomar la decisión por sus hijos, en la nuestra no sucede así; los unschoolers radicales no son, bajo ninguna circunstancia, controlados por sus padres; nosotros somos partícipes de su desarrollo y proveemos de cuanto ellos requieren para lograr sus objetivos; sus padres somos los líderes de grupo, pero eso no quiere decir que tenemos el control absoluto e irrevocable en casa. Compartimos la responsabilidad de llevar sanamente nuestra vida en familia, basada en el respeto, amor y comprensión, damos a cada día la oportunidad de traer consigo la riqueza del aprendizaje en libertad, no sólo académicamente hablando, sino en la diversidad de momentos que vienen plagados de oportunidades de desarrollo y aprendizaje en los diferentes aspectos de la vida de un pequeño en crecimiento.

Por lo tanto, permitimos que su naturaleza les conduzca, que lleguen a sus propias respuestas, que tengan la posibilidad de descubrir quienes son y la poderosa razón que los tiene en esta tierra en este tiempo y espacio.

¿Cómo es posible vivir sin reglas ni control y no caer en estado de caos?

Una vida sin reglas

Es posible que después de leer los primeros párrafos de este artículo haya rondado por tu mente la pregunta, casi obligada, sobre la disciplina, el “descontrol” y muchas otras que también he tenido ya la oportunidad de responder en lo individual a quienes se han acercado a cuestionar al respecto. Dejaré aquí una descripción de algunas situaciones que nuestra familia vive y algunas de las estrategias que seguimos para no caer en estado de caos.

Creemos con firmeza que la naturaleza es sabia por sí sola, nadie controla lo que en ella sucede y ella misma genera y regenera lo que es necesario. Nosotros, como parte de ella, nacemos con el mismo balance o equilibrio en nuestra información genética.

¿Porqué creer lo contrario?

No cabe duda alguna en nuestro corazón de que nuestros pasos son dirigidos por la misma energía que mueve a la estaciones del año, el crecimiento de las plantas y la luz emitida por cada una de las estrellas que de noche podemos admirar. ¿Te suena hippie? Lo es para muchos, pero para nosotros es simplemente la esencia de la vida y en ello basamos cuanto sucede en nuestra familia, desde el aprendizaje adquirido de manera natural sin expectativas irreales, con respeto y amor, hasta la convivencia armónica con el entorno que nos rodea.

Nuestros hijos tienen derecho incuestionable de elegir y asumir un rol activo y protagónico en cada aspecto de su vida:

Alimentación:

Hace años atrás mi esposo y yo optamos por cambiar nuestra alimentación radicalmente. Eliminamos de nuestra dieta todo aquello de origen animal y no sólo la dieta, también todo aquello que en su proceso llevara consigo “maltrato animal” (veganismo). Con el tiempo nos hemos quedado cortos en ese deseo y por ahora somos ovo-lacto vegetarianos. Nuestros hijos desde el inicio de nuestra decisión han aprendido al respecto. Hemos hablado-investigado con ellos sobre las diferencias de los sistemas digestivos de los omnívoros, los carnívoros y los hervívoros. Ellos mismos han identificado que nosotros, el ser humano, no está diseñado para comer carne. Dani, nuestra unschooler de 9 años, tiene una conexión con los animales que de verdad impresiona y por ellos al saber del sufrimiento que viven  para estar en un simple plato, decidió no consumirla más.

Partik nuestro hijo mayor, ama comer carne, es en cierta forma de sus platillos favoritos, así que él si la consume, pero su decisión es informada y para nosotros es de gran valor que él así lo haga, creemos que obligarlo a no comer carne pierde por completo su esencia, queremos que, si ha de dejar de consumirla, sea por convicción propia. Adla, nuestra nena de 6 años, nació vegetariana, a ella puedes ponerle un plato lleno de verdura y feliz de la vida lo termina sin problema, incluso al ofrecerle un plato con todos los grupos, prefiere siempre los vegetales a las carnes.

Como puedes leer, aún dentro de nuestra familia de 5 hay diversidad en este aspecto, pero nosotros lo dejamos fluir y tomar su rumbo en la vida de nuestros peques. Podrás también preguntarte si no caemos en “mala alimentación”, comida chatarra, etc. Pues en definitiva, nuestros hijos comerán lo que vean a sus padres consumir y también lo que encuentren en la alacena y en el refrigerador. Si yo llenase esos dos con galletas, papas fritas, chocolates y dulces, ten por seguro que eso comerían TODOS los días, yo misma, lo haría así, me encanta la comida chatarra desde siempre. Por lo tanto, eso está en nuestra alacena sólo en ocasiones y nuestro refrigerador siempre está lleno de las frutas y vegetales que más les gustan. Si quieren un bocadillo, tomará lo que encuentren, si encuentran fruta y cosa nutritiva, eso comerán. Pero si hay chatarra por todos lados, creo que terminaríamos consumiendo eso mismo. Esto es parte también de su educación, la alimentación es algo importante, pero, por lo menos a nuestra familia, darse un gustito comiendo un delicioso pastel de chocolate no viene con sentimientos de culpa, lo tomamos tal cual es, un momento para disfrutar.

Horas de sueño:

He escrito ya en varias ocasiones que no tenemos horarios en nuestra casa, eso incluye los horarios de sueño y varía de día a día. No ponemos límites para la hora de ir a dormir. Hay días en los que van a la cama a las 3 am, hay otros en los que antes de las 10 las luces ya están apagadas. Todo depende de lo que estén haciendo o de lo que el día haya traído consigo. Si fue un día cansado, de caminada en el bosque, si fue un día tranquilo de películas o documentales en cama y en pijamas, obviamente será distinto el ánimo de ir a la cama y el horario de apagar luces. Las mañanas lucen igual, días que desde antes de las 8 am están fuera de cama, otros en los que pasa el medio día y aún siguen durmiendo. Igualmente dependerá del horario al que han decidido ir a la cama la noche anterior y consideramos que de igual forma ese es asunto de nuestro cuerpo, él dormirá lo que sea necesario dormir.

Nuestra anterior vida escolarizada, nos tenía, como a muchos aún, esclavizados en este tema de los horarios. Era un levántate a las 6 am o antes y duerme a más tardar las 9 pm, un régimen enfermizo, sin sentido. Hoy día nuestros hijos aprenden que ir a dormir tarde o temprano se refleja en sus horas de luz y el descanso pleno de su cuerpo y mente.

Cierto día, despierta por eso de las 11 am el mayor de nuestros unschoolers y se acerca a mí, muy preocupado: “Mami, ya sé por qué siento que el día dura menos y tengo menos tiempo para jugar, creo que debería dormir más temprano para tener más horas de sol”. Ayer mismo él me ha dicho que quiere tener alguna actividad por las mañanas porque quiere despertar temprano y necesita algo que le invite a hacerlo. Esto me habla de lo consiente que está de su vida, de sus horarios y de las consecuencias del dormir a ciertas horas; me habla de que él ha estado analizando sus horarios y eso ha dado como resultado el que quiera establecer una rutina porque así lo desea. Su naturaleza le está hablando y él ha decidido escucharla. Veremos cómo le va en este proceso que de entrada, desde mi perspectiva, es valiosísimo.

Tiempos de juego/ pantallas:

Una de las Grandes Preguntas con respecto al Unschooling Radical es sin duda sobre si controlamos o no el tiempo que pasan nuestros hijos frente a una pantalla, ya sea para jugar (iPad, Xbox, Nintendo…etc) o para ver documentales, videos en YouTube (excelente herramienta, por cierto), películas o series.

Hace poco en una charla compartí una experiencia. Nuestros Unschoolers, los 3, tiene iPads, creemos que es una herramienta indispensable en la vida de cualquier niño que aprende sin escuela (nuestra opinión). Ellos al principio, pasaban horas frente a sus iPads y por lo tanto nos preocupamos mucho por su salud así que nuestra programada sed de control (pasada de generación a generación), decidió definir para nuestros hijos horarios, horas de uso y días de la semana que podrían usarlas. Aunque creímos que no era imposición, ya que todo se dio en reflexión en conjunto, hablamos con ellos sobre lo no tan saludable de jugar todas esas horas y ellos decidieron que tres días a la semana serían suficientes. Pasaba que los días de “no iPad” se la pasaban planeando lo que harían en cuanto llegara el día de “sí” y esos tres días literalmente desaparecían, era tanta su sed por jugar con ellas que parecía que el tiempo no bastaba, tenían muchas cosas “pendientes” por hacer e sus juegos, se volvían esclavos del bendito aparato. Así pasaron unos dos o tres meses.

Me di cuenta de lo mal que estaba esto, de que mi control no sirvió más que para agrandar el problema. Amo a mis hijos, como todo padre, y odiaba la manera en que esto se estaba volviendo una desconexión, no sólo con ellos mismos, también conmigo, con su entorno natural y otros tantos aspectos. Estaban peor que cuanto jugaban todo el día, eran robots esclavos de sus iPads, era pensar en qué hacer cuando tocara el día de iPad, era desaparecer esos tres días. Su necesidad seguro se debía al querer recuperar esos días “perdidos”.

Cancelé los tres días de iPad. Tenía que hacer algo y ya, así que recordé muchas de mis lecturas sobre el control innecesario, sobre el desarrollo del autocontrol y entonces entendí que NO tenía sentido alguno controlar la vida de mis hijos si lo que quiero promover en sus vidas, en su desarrollo integral y ello lleva entre sus líneas la auto-regulación. ¿Cómo van a aprender a auto-gobernarse si yo lo controlo TODO? ¿Cómo van a encontrar su camino, si yo los conduzco por donde “creo” que es mejor para ellos? ¿Y si mejor les dejo por sí mismos trazar su propio camino y permitir a su naturaleza hablarles y llevarles a encontrarse a sigo mismos y sus respuestas?

Pues lo hice. Llegué muy decidida y les dije: “Los días de no iPad ya no existen en esta casa, ahora pueden usarla cuanto quieran, sólo recuerden que deben buscar un balance”. Imaginarán que saltaron de emoción, ya eran libres. ¿Y qué paso? Los primeros días, todo el día en el iPad, pegados y punto. Pasaron los días y poco a poco fui dándome cuenta de que comenzaban a auto-regular ese aspecto de sus vidas. Hoy día, para nada pasan más de 1 hora diaria frente a ese aparato otros en lo que hay mejores cosas por hacer y ni la tocan. Sólo Patrik (12 años) quien además de iPad tiene su Laptop y pasa más de ese tiempo en ello. Está comenzado a investigar sobre desarrollo y programación de videojuegos y quiere hacer carrera en ello. Las otras dos nenas juegan un ratito, ven videos y ya, ellas pasan más tiempo en el jardín entre sus perros, gatos y conejos.

Dejar a mis hijos y su naturaleza conducirles en este aspecto, como leerás, a nosotros nos dio resultados muy buenos. Mi invitación es a darle a tus hijos esta misma libertad y observar de cerca. Estoy segura de que no es un caso aislado el nuestro, creo firmemente que somos capaces desde temprana edad de encontrar un equilibrio saludable en cada aspecto de nuestra vida. Nacemos con esa capacidad.

Sin reglas/disciplina:

¿Y la disciplina? ¿Cómo regulas eso? ¿Y el mal comportamiento? ¿Y las faltas de respeto?

Bueno, en un mundo lleno de reglas aquí y allá, es natural que esta sea una de las dudas que retumban en muchos de nosotros. ¿Sin control, cómo habré de regular su comportamiento?

Sin reglas, no habría alguna para romper. Sin límites, no habría límites para traspasar. Sin control, no habría descontrol. Suena anarquista, lo sé y lo es. La palabra anarquismo tiende a asustar a muchos pero no es más que la convicción de que la autoridad está de más y tiene mucho sentido en esto de lo que hablo en la última parte de este artículo.

Al regular cada aspecto de la vida de nuestros hijos, tendremos como consecuencia natural, adultos que “necesiten” ser regulados y creo que muchas de las familias que optamos por este estilo de vida fuera del sistema educativo tradicional, lo hacemos tanto por amor a nuestros hijos, como por nuestro deseo de crear futuras generaciones de individuos libre pensadores, con la capacidad de establecer una nueva forma de conducir nuestro mundo, o al menos en eso soñamos.

Si no hay reglas, no hay reglas que romper y de verdad que cuando lo vives cobra sentido, se vuelve una realidad palpable en el día a día, observas con agrado como tus hijos tienden a llevar su día regulando conflictos entre hermanos, respetando sin necesidad de un padre/madre diciendo: “respeta a tu hermanx” o al menos no lo haces de esta manera, promueves el diálogo. Es una realidad en nuestra vida, basamos nuestra convivencia en el respeto y eso nos ha traído como consecuencia una dinámica muy sana. No digo que no existen conflictos, que no hay momentos con los cuales lidiar, claro que los hay pero lo hacemos desde la concepción de que cada uno de nosotros tiene derecho a expresar su opinión, sentimientos y emociones. Trabajamos mucho con su educación emocional, les damos la oportunidad de aprender sobre ellas, aprender a expresarlas sin herirse ni herir a nadie más, aprender a manifestar libremente lo que sentimos. Somos una familia que basa su día a día en el amor que se tiene, todos somos responsables por nuestras emociones y todos ayudamos a los demás a comprender tanto sus emociones como las nuestras.Todo lo que tengamos que resolver se resuelve mediante el diálogo, obviamente hablar de castigos o premios está de más en nuestra familia, no existe tal cosa ni existirá.

Muchos padres deciden que la responsabilidad de ser padres viene con una carga que sobrellevar, que somos nosotros los que daremos “forma” a nuestros hijos y que para ello hay que “entrenarles para la vida”. Perdón si la comparación ofende, pero para mí esto es más parecido al adiestramiento canino que a la educación consiente y responsable. No se trata de programar las respuestas de nuestros hijos para determinada situación, ni de darles una lista de comportamientos “deseados” y “aceptados” por nuestra sociedad-cultura adultocéntrica sino de llevarles a una profunda comprensión de lo que “es bueno o no tanto” no sólo para ellos, sino para quienes les rodean. Sin duda, este es uno de los objetivos más importantes de nuestro estilo de vida.

Creencias religiosas o no:

También este aspecto es importante para nosotros dejar que fluya de manera natural en la vida de nuestros hijos. No promovemos ni manipulamos la creencias que rigen la vida de nuestros hijos, ni permitimos que nuestras creencias personales les conduzcan; por el contrario, hemos encontrado un paz inmensurable al proveer de conocimientos e información sobre las distintas formas de ver la espiritualidad en todo el mundo. Además de estar promoviendo una cultura de tolerancia, sabemos bien que estamos permitiendo que nuestros hijos comprendan lo que para su naturaleza es mejor, crean en lo que quieran creen, lo que sus corazones les dicten, lo que su travesía por este tiempo les lleve a encontrar. Sinceramente, es un tema que me tiene fascinada, soy ex cristiana (por herencia de mi madre) y gracias al universo soy libre de etiquetas y mis convicciones se construyen desde mi interior y no del exterior; eso mismo quiero para mis hijos, quiero que ellos descubran por sí mismos lo que será mejor para sus vidas, lo que les hace sentir libres y felices. ¿De qué me serviría imponer cierta creencia religiosa o espiritual? Desde mi perspectiva personal, es incongruente decir que nuestros hijos “son libres” si en este aspecto no les damos la oportunidad de encontrarse consigo mismos y trazar el rumbo.

Te cuento a detalle el porqué de mi decisión en mi artículo “Niños buenos, sin dioses”, si quieres saber un poco más sobre este tema.

Básicamente he dejado en estos pocos párrafos una descripción que te dará con plena seguridad un vistazo no sólo a nuestra familia de unschoolers radicales, sino a muchas otras que viven el aprendizaje y desarrollo integral de sus hijos desde la libertad, el amor y el respeto.

Como siempre, esto que has leído aquí, no es más que una perspectiva, la de nuestra familia, tan respetable y auténtica como la tuya. Los detalles descritos arriba, como puedes leer son “nuestra familia” y sólo he escrito sobre los más importantes, obviamente existen otros aspectos que dejé fuera por ser muy obvios o parte ya de mis artículos anteriores.

-Escrito por Zayda Cadengo en su blog www.unschoolingaprendoenlibertad.com

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